lunes 17 de noviembre de 2008

Escribiendo desde un lugar apretado


Dicen que escribir en tiempos depre-ocupados es la mejor terapia porque sirve como desahogo del alma. Bueno, haré caso a la recomendación insensible de mi cabeza. Si escribir me resultó complicado durante casi dos semanas en este blog, hoy es preciso o es un pretexto para hacerlo, sin tener algo pensado de antemano; sólo escribir lo que se me ocurra, con tal de hacerme una pequeña auto-terapia.


Sí, pues, caminando por la calle, sentado en el micro con dirección a algún lugar, llegando a trabajar, estudiando, uno pasa su vida rutinizando ciertas actividades -diariamente- durante todas las semanas. Esto me preocupa -a veces- porque siento que el tiempo para hacer cosas que me simplemente me plazcan se hacen cortos. Siento que exagero, pero en algo tengo razón. Pensar en ir a la universidad, en hacer algo en el trabajo me resulta extenuante hasta inservible.


Quiero levantarme lo más tarde posible, libar un día hasta más no poder o leer cualquier novela que se me presente ante mis ojos de mi pequeña biblioteca con un cafecito y un cigarro de por medio. Salir, dejarme llevar por el itinerario de un micro hasta su último paradero, reírme cuando el cobrador diga al chofer: "es un plomo". Caminar sin rumbo o pasaer por esas callecitas barranquinas que son precisas para esos pensamientos difusos, para dejar expresar mi juventud atarantada (muchas veces).


Siento - a veces- que las personas fingen mucho o no comprenden a uno cuando trata de decir algo que se le ocurre, después de un día aturdido.


Quiero estar al lado de las personas que más amo en esta vida: mi madre y hermanita querida. Esto me recuerda lo que Fiorella (mi enamorada) me dice siempre que hablo de mi madre: "porque siempre te refieres a tu mamá en términos distantes; porque no le dices mamá, siempre te escucho decirte: llamó mi madre..." Pareciese que con el sustantivo que le otorgo no hago más que expresar un hecho, pero no, por dentro (siempre) pienso que es una gran mujer por la actitud que tiene que sacarle el jugo a la adversidad y pintarle de color esperanza (como el tema de de Diego Torres) a todo lo contrario de la felicidad. Es una líder familiar, es mi líder, es la única, a la que a pesar mío (por lo discolo que soy aveces), me pone orden.


Mi hermanita no se queda atrás, es esa pequeñita que cada día crece más y que me asombra con lo que dice cada vez que escucho su voz diciendome que soy su hermanito querido a pesar de lo lejos que estoy y de que en sus casi 12 años ella sólo me vio la mitad de ellas todos los días.


Extraño todo ello, pero sé que para la semana APEC cumpliré algunos de lo propuesto aquí para relajar esa edad liviana pero cansada de mí.